Despues de haber llorado como pileta humana viendo Koizora, sin importarme que habia personas a mi lado, sigo llorando sin sezar porque soy una baaka masoquista~ muy feeling para mi gusto*~
No puedo creer que existiera alguien tan perfecto que pueda amar de la misma manera que ama Hiro a la zorra de su novia (que me da ganas de arrancarle los ojos por no haberlo apresiado como el cielo manda)...
Y ya que no puedo con mi lloriqueada me puse a graficar como loca y a escrbir el fragmento tres.
Fragmento Tres: Primeros Copos.
Querida Reika:
¡Bienvenida a Riona! Espero que hayas tenido un buen viaje y sobre todo que te guste el departamento que compre, es chiquito pero acogedor. No te molestes en decorar el dormitorio porque ya me adelante, te gustara tanto que lloraras de la emoción.
Lo cierto es que… siento mucho no estar contigo, se me acaba de presentar un viaje inesperado a la ciudad de Meikyuu por el trabajo. Pero lo bueno es que te traeré muchos recuerdos. Por lo que sé es una ciudad pequeña, muy bella y verde, es como el jardín de Galia…
Bueno, espero que no te metas en líos. Si necesitas comida o cualquier cosa, solo llama a Hiro, que es el hijo del florista. La florería, esta en la esquina paralela al departamento, es una muy grande, de hecho lo veras con facilidad. Son personas muy buenas y amables, ellos te ayudarán, así que no te enrolles.
PSD: No pensabas que te dejaría sin nada, ¿a que no? Te estoy dejando un largo sobre rojo, que esta en el primer cajón de tu mesita de noche. Disfrútalo.
Sem Lux.
-Hermano.- suspire al terminar de leer la carta.
Me encontraba en la pequeña sala de madera del departamento 7, parecía una mini cabaña muy bien decorada. En las paredes colgaban retratos de sus viajes y premios. Los muebles de cuero beige opaco formaban un círculo alrededor de la vidriosa mesa, que en ella situaba un lindo adorno de coloridas flores, junto a la carta de bienvenida, que hace unos segundos termine de leer. Las cortinas de un beige más claro que los muebles, estaban cerradas. En una esquina de aquella habitación, se posaba un estante de vistosos libros de todos los tamaños y unos mas proporcionados que otros. Y en la entraba colgaba un perchero negro en donde hace un rato colgué mi chaqueta oscura.
Continué con mi recorrido. El siguiente ambiente era la cocina, con su impactante blancura. Todo era blanco y plateado. El fregadero, el refrigerador y el suelo de mayólica eran de un plateado metálico. Mientras que las paredes, la mesa, las sillas pulidas y una cocinita de dos hornillas eran níveas.
Atravesando el pasillo estaba el baño, de colores como el cielo. Y por ultimo al final del pasillo se encontraban dos puertas de roble, una de ellas estaba justo a mi mano derecha y la otra mirando al centro. Abrí la que estaba más cerca de mí. La primera puerta de la derecha era un dormitorio de colores oscuros. Había una cama muy delgada para una sola persona, un closet de color azul opaco igual que las cortinas y una mesa de estudio. Y al lado de este estaba de un reluciente negro, el mejor equipo de sonido que jamás había visto.
Asumí que era el dormitorio de Sem, porque siempre que lo veía en Buenaventura lo escuchaba tararear.
El último dormitorio era similar que el de Sem, solo que este era mucho más grande. Las cortinas y colchas de la inmensa cama que parecía que podía entrar dos personas, eran de mi color favorito: morado. También había una mesa de estudio, pero en vez de un equipo de sonido había una laptop. El closet era el mismo que el de Sem, con puertas corredizas.
Era el dormitorio que siempre desee. Y no creí que Sem tenía presente este minúsculo detalle.
No rompería a llorar, como dijo en la carta, pero sí le agradecería cuando volviera.
Busque el sobre rojo antes que me matara la curiosidad. En consecuente, estaba en el lugar donde Sem había indicado.
¡Sorpresa, Reika!
Te dejo una pequeña suma de dinero para tus necesidades, antes de que vayas a la policía y me denuncies por abandono. Jajaja.
Ya me adelante en inscribirte en el instituto. Ya tienes tu horario de primer ciclo, y tus clases empiezan con el fin de estas vacaciones; osea la próxima semana.
Inviértelo bien.
Besos, Sem.
No podía creer en lo cojudo que estaba mi hermano al darme esa cantidad de dinero para mi sola. Era más de lo que imaginaba.
Si bien era cierto, casi nunca tenía dinero a la mano en la cual podía gastarlo en mí. Pero esto ya era una exageración, era como si quisiera cubrir una gran deuda por todo un año.
Tener tantas sorpresas a la vez, era agotador y costaba un poco asimilarlo. Lo único que quería era darme un buen duchazo de agua caliente e irme a la cama con la mente en blanco…
Desperté con pesadez a la fría mañana de Riona en mi nuevo dormitorio. No había pegado bien el ojo por el raro sueño que tuve. Era oscuro y extrañamente calido. Había plumas negras, la misma que había visto en mi viaje, y sin comprender el porqué me sentía aliviada de sentirlas y escuchar una voz masculina que pronunciaba mí nombre picaramente…
Me frustre al ver el refrigerador vacío, me moría de hambre y no encontraba una miga de pan con la cual podía parar al menos el molesto ruido de mi estomago por unos minutos. Lo único que me quedaba, era ir a la florería y preguntar por un chico llamado Hiro, para que me indicara donde quedaban las tiendas de víveres.
Abrí la puerta corrediza del closet, y me dispuse a vestirme lo más rápido posible, antes que sintiera que moría de inanición. Me puse una chompa blanca de lana que llegaba hasta los muslos, unos jeans, botas y bufanda color negro.
El cielo estaba de un triste color grisáceo, amenazando con querer llorar y mojar todo a su paso… o algo por el estilo. Me inquiete un poco porque no tenia paraguas, pero así como vino mi inquietud, se fue por el gruñido de mi estomago.
Fue muy fácil encontrar la florería, porque era el único local de la calle que se rebalsaba en coloridas flores.
-Eh… Buenos días.- dije nerviosamente al entrar en el enorme salón de bellas y aromáticas flores y cristales.
-Sea bienvenida a Zorely- dijo un muchacho muy apuesto de hermosos ojos cristal y cabello blanco y puntiagudo.- ¿Qué clase de flores desea comprar?
-Este… t-tu eres Hiro ¿verdad?- tartamudee.
-Si. Soy Hiro Fortuna- respondió extrañado.- ¿Cómo es que sabes mi nombre?-
-Soy Reika Lux, hermana de Sem Lux.-
-¡Ah!- exclamo- Tú eres la pequeña de Sem.-
-¿Pequeña?- repetí.
-Bueno… si.- respondió avergonzado.- Siento haber dicho eso.
-Descuida.-
-Es que… en estas ultimas semanas Sem no hacia más que hablar de su pequeña. Cada vez que lo hacia se le iluminaba el rostro y quedaba como baboso.-
Me carcajee a mandíbula abierta junto con Hiro, que al sonreír me parecía mucho más atractivo.
-Bienvenida a Riona, pequeña Reika.- dijo estrechando un delicado adorno de flores moradas.
-G-gracias.- respondí de gratitud al notar que Hiro era buena onda.
-Sem me comento en unas de sus pastelosas historias que te gustaba mucho el morado. Estas flores son muy populares en Riona, por su peculiar pigmento brilloso. Se llaman Tulipanes.-
-No debiste…-
-No lo creo.- me corto.- Al fin pude conocerte y eso me alegra.-
-Gracias.- solo eso pude decir.
Era la primera vez que conocía a una persona en la cual no me miraba como su fuera un fenómeno y podía hablar sin incomodidades.
-¿Qué tal esta la empanada?- Hiro tenia la cara curiosa y divertida mientras me veía devorar.
Después de conocer al padre de Hiro; (un hombre de voz profunda, bigote y sobre todo muy cariñoso al darme tremendo abrazo, que si no fuera por Hiro, ahora estaría con unas par de costillas rotas); nos encaminamos a la cafetería Torihan que se ubica tres cuadras calle abajo de la calle Sunt en donde vivía.
-Esta riquísima.- respondí con entusiasmo saboreando cada bocado que daba.
-Sin duda. Las empanadas de Torihan son las mejores.-
-Ah… quiero otra más. Nunca antes me había sentido tan viva.
-Así se siente uno después de comer dos empanadas seguidas y aun sigue queriendo más.-
-Me siento privilegiada.-
-Romperás un nuevo record.-
-Estaré orgullosa cuando llegue el momento.-
Se produjo un leve silencio en la cual nuestras miradas se encontraron, para luego ser roto por el sonido de nuestras carcajadas.
Me encantaba mirar a Hiro cuando se reía. Tenía coquetos hoyuelos cuando sonreía.
-Hiro…-
-¿Qué pasa? No me vallas a decir que quieres devolver las 4 empanadas que te comiste.- fingió estar alarmado.
-No seas ridículo.- puse mala cara.
-Entonces ¿Qué es?-
-Quería preguntarte dónde queda el Instituto Nyvill.-
-Esta al otro lado de la carretera. Pasando los condominios, mejor llamado La Estancia.- explico.
-¿Cómo llego allí?-
-Lo mas rápido es en tren, tenemos que tomar el subterráneo.- continuo- Pero no te preocupes, iremos juntos ya que estamos en la misma clase.- dijo deliberadamente mientras tomaba su gaseosa.
-¡Esto es genial!- pegue un pequeño grito de felicidad.-
-Es cierto.-
-Me alegra de que vayamos juntos.- suspire.
-El sentimiento es mutuo.- dijo con una gran sonrisa en la cual fue correspondida con la mía.
-Ah… que gran noticia… pero tu ¿Cómo sabes que vamos en la misma clase?
-Me filtre en los archivos y te coloque en las mías.- respondió sin culpabilidad en el rostro, mas bien se le veía divertido con lo que había hecho.
-Bandido.-
-Fue idea de Sem.-
-Y le hiciste caso.-
-Me pareció divertido.-
-Hmm…- entrecerré los ojos.
-A menos que no quieras estar en mis clases.- dijo distraídamente mirando a las musarañas.
-Déjalo como esta. Al menos tendré con quien hablar.-
-Y todos somos felices...-
Rompimos el trato en carcajadas.
Después del agradable desayuno que nos dimos en Torihan, Hiro tuvo la gran de dejar su trabajo y tomarse el día, visitando tiendas y mostrarme un poco la ciudad.
Todo fue muy divertido. Primero asaltamos la tienda de ropa: Antoinette. En donde nos demoramos un montón por que Hiro quería verme con casi todos los conjuntos que había en la tienda. Luego nos pasamos a Nyana, una brillante tienda de Joyas, en las cuales Hiro me compro un lindo y delicado brazalete de plata.
Nos perdimos en el tiempo visitando lugares y comprando cosas que no nos dimos cuenta, hasta que salimos de la última tienda, que la noche había llegado.
-¡Que lindo!- exclame- Es la primera vez que veo copos de nieve.- veía los copos de nieve que descendía, hasta derretirse con el contacto de mi piel.
La temperatura bajaba con cada segundo que pesaba, pero mi alma ardía en felicidad.
-Aprécialo, porque esta será la ultima noche que la veas… por este año.
Asumí eso como cambio de estación.
-¡Rayos! Me matas la ilusión.- respondí hostilmente.
-Bueno… de cualquier manera es mejor que regresemos antes que nos congelemos.- dijo ignorando mi comentario.
-Esta bien.- accedí porque ya estaba apreciando el frió. Y esta sensación no me gustaba.
Llegamos al departamento tan rápido como nos permitía al tiempo. Mire el reloj de muñeca que marcaba las 8:00 pm.
-Entra. Te invito a tomar loche.- dije abriendo la puerta.
-No es necesario. Me iré a mi casa.
-Acepta.- insistí- será un pequeño presente por haberme ayudado con las compras y ser gentil en enseñarme la cuidad.- puse ojos de cachorrito.
-Lo haré si dejas de poner esa cara.- dijo sonrojándose.
-¡Hai!- sonrei.




